1. Homilías Dominicales

DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑÓR
(5 de abril de 2015)

“¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos” (Pregón pascual). Un año más, y van doce, tendré la gran alegría de entonar en la catedral diocesana el pregón pascual. Es el momento más luminoso y más gozoso de todo el año: anunciar a Cristo resucitado, dar al pueblo fiel la mayor y mejor noticia.

Además del gozo del pregón, está el gozo añadido de esta página. Durante ocho domingos les hablaré del Resucitado. Gozo es anunciar a Cristo en nuestra celebración y gozo es hablar de Cristo en nuestra publicación. Sirvan estas ocho homilías de Pascua como ayuda para que ustedes alcancen esa gracia que San Ignacio sugiere al ejercitante demandar en la segunda semana: “Conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga” (Ejercicios Espirituales 104).

En realidad, en esta ocho homilías, aún más que hablar un servidor del Resucitado, trataré de que sea el Resucitado el que nos hable de sí mismo y para ello iré poniendo en relación el evangelio de cada domingo con alguno de los nombres que Jesucristo se da a sí mismo en los escritos inspirados; así, a partir del nombre, conoceremos mejor a la persona de Jesús. Escribe Fray Luis de León en la Dedicatoria de los Nombres de Cristo que “la propia y verdadera sabiduría del hombre es saber mucho de Cristo”. Nos lleve, después, el conocimiento al amor y el amor al seguimiento y el seguimiento a la imitación y a la transformación.

¿Qué nombre elegir para esta primera homilía? ¿En qué nombre, de los muchos que se da Jesús a sí mismo, detenernos en el día de hoy? ¿Con qué nombre, de los que Jesús se da a sí mismo, poner en relación el Evangelio de este domingo, Pascua de la resurrección? Con el que se da Cristo en el Apocalipsis de San Juan: “Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y revivió” (Ap 2, 8). Y volviendo hacia nosotros las palabras del Señor, podemos hacernos estas dos preguntas a modo de examen de conciencia: ¿Es Cristo lo primero de mi vida? ¿Es Cristo lo último que estoy dispuesto a perder?

Comentando el nombre de “Brazo de Dios” escribe Fray Luis de León: “Morir Dios en la humanidad que tomó para dar vida a los suyos, eso vence el sentido”. ¡Señor, has vencido y nos has vencido!

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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