1. Homilías Dominicales

I DOMINGO DE CUARESMA
(14 de febrero de 2016)

“El Espíritu lo fue llevando por el desierto” (Lc 4, 1). Así comienza San Lucas su relato del episodio de las tentaciones, que la Iglesia nos ha ofrecido en este primer domingo de Cuaresma del “Año de la Misericordia”.

La Cuaresma de este año es especial. Escribió el Papa el 11 de abril del pasado año: “La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios” (MV 17). Y un poco más adelante añadió: “El Jubileo lleva también consigo la referencia a la Indulgencia… (La misericordia) se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado” (MV 22).

Estas palabras del papa van a ser el hilo conductor de nuestras seis homilías cuaresmales del presente año, homilías a las que podemos identificar con el subtítulo de “seis aproximaciones a la gracia de la Indulgencia plenaria”.

Las “seis aproximaciones a la gracia de la Indulgencia plenaria” son seis respuestas a otras tantas preguntas sobre esta gracia singular: ¿Qué es la Indulgencia plenaria? ¿Por qué esta gracia? ¿Para qué esta gracia? ¿Cómo se recibe? ¿Cuáles son sus destinatarios? ¿Qué efectos tiene?

Hagamos, pues, nuestra primera aproximación y respondamos a la primera pregunta. Tratemos de dar una definición de la gracia de la Indulgencia plenaria que nos sirva de punto de partida. ¿Qué es la gracia de la Indulgencia plenaria? Es una influencia de Dios en el alma, gracias a la cual se acrecienta en nosotros la justificación hasta hacernos semejantes a Dios en el amor.

El primer elemento de la definición es que se trata de una “influencia de Dios en el alma”, es decir, que no es una conquista nuestra, sino que es una dádiva suya. Dios está obrando siempre en el alma, pero hay obras suyas de una especial trascendencia. Ese es el caso de la Indulgencia plenaria: una influencia o intervención de Dios en el alma de gran trascendencia.

El segundo elemento de la definición es que se trata de una gracia que “acrecienta la justificación en el alma”. ¡Qué palabras tan hermosas justificación y justo! Hemos visto con gozo cómo la palabra “justo” ha sido recuperada en la versión oficial de la Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española. Justicia es lo mismo que santidad. Justo es el que cumple los mandamientos y está siempre disponible para hacer en todo la voluntad de Dios. Dios ya nos justificó en el bautismo, pero esa justicia y santidad en origen la puede Dios incrementar y el alma la puede asimilar hasta llegar a una santidad del máximo nivel, a una santidad de plenitud o término.

El tercer elemento de la definición es que Dios quiere “hacer al alma semejante a Él en el amor”. Ya somos imagen suya por creación y quiere que seamos semejantes a Él por santidad asimilada. Claro que esta obra de plenitud sólo Él la puede llevar a cabo. En este marco hay que integrar la gracia de la Indulgencia. Como nos dice el papa, la misericordia divina “se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado” (MV 22).

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Terminamos ya, queridos hermanos. Vayamos todos nosotros creciendo de gracia en gracia hasta alcanzar la estatura de Cristo, hasta alcanzar la temperatura de amor de su corazón. Y sea todo para gloria de Dios, para gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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