1. Homilías Dominicales

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
(26 de octubre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ————–

Jesucristo, el Hijo amado del Padre, el Redentor del hombre, celebra su propio Misterio Pascual para llenar de gozo al Padre y para llenar de gracia nuestras almas.

Celebra Jesucristo su Misterio Pascual en este Domingo XXX del Tiempo Ordinario, cuando ya el mes de octubre se encamina hacia su final. Es tiempo sereno y apacible este del otoño. Pues vayan a la par el tiempo cronológico y el tiempo de la gracia. La presencia de Cristo celebrante aporte serenidad y paz a nuestro corazón.

Con mucha humildad reconozcamos ahora nuestros pecados y pongamos nuestra mirada en Dios misericordioso. Pidámosle que con su gracia nos disponga adecuadamente para participar con mucho fruto espiritual en esta celebración.

HOMILÍA —————–

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” (Mt 22, 37). “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 39). En estas dos rotundas verdades resume Jesús toda la ley de Dios. En realidad se trata de un único mandamiento: el del amor a Dios. El prójimo no es “otro” Dios. No hay más que un solo Dios. “Creo en un solo Dios”, decimos en el Credo. Ocurre que este único Dios se ha sacramentado en el prójimo para darnos así más oportunidades de amarle. El prójimo no sustituye a Dios, ya que Dios es insustituible; el prójimo sólo le hace presente para que así en él podamos amar a Dios. “Amar a Dios”, he aquí el fin para el que hemos sido creador. “Amar a Dios”, esta es la gran enseñanza de la Iglesia. Misión de la Iglesia es enseñar a todos a amar a Dios, pues es así como el hombre alcanza su verdadera grandeza. La gran tarea, la gran misión de la Iglesia es enseñar a todo a amar a Dios. ¿Pero qué es el amor? ¿En qué consiste el verdadero amor a Dios? ¿Se puede amar de verdad? Como respuesta a las preguntas podemos decir que el amor es atracción, el amor es santificación y el amor es misión.

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El amor es atracción. Es decir, el amor empieza en Dios que nos llama y nos atrae hacia sí. La presencia de Dios en nuestra vida que nos llama y atrae es ya un don, una gracia. En el amor, Dios siempre lleva la iniciativa. Dios nos gana siempre por la mano y empieza dándonos: su presencia, su fuerza a la vez que su dulzura, su autoridad a la vez que su cariño; sobre todo, su cariño. En cierta ocasión le preguntaban a Don Dámaso Alonso, el eminente literato que fue presidente de la Real Academia Española de la Lengua, que cuál era la palabra más bonita del Diccionario y él respondió que la palabra “cariño”. Efectivamente, así es y asi podemos definir el amor: el cariño que Dios nos tiene. Para Dios somos algo muy querido, muy “caro”. De eso mucos de nosotros sabemos mucho, del cariño de Dios, nuestro Padre divino, que en tantas ocasiones hemos visto sustanciado en nuestros queridos padres terrenos.

El amor es santificación. Junto a la atracción, la santificación. Dios nos atrae hacia sí para transformarnos y asemejarnos a sí. Esto es, en definitiva, la santificación: no tanto las obras buenas que nosotros realizamos con nuestras fuerzas naturales, sino la elevación que hace Dios de nosotros hasta ponernos a su nivel, para que así las obras que realicemos, transformados por la gracia y movidos por el Espíritu Santo, tengan ya nivel y valor sobrenatural.

El amor es misión. Junto a la atracción y la santificación, la misión. Una vez divinizados, una vez elevados al nivel sobrenatural, Dios quiere que nos hagamos presentes en el curso de la historia humana para que en nosotros brille su luz en medio del mundo y en nosotros, sacramentos vivos de su presencia, Él transite por nuestras calles, habite en nuestros hogares y vaya transformando la historia humana hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste (cf. NMI 29).

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Este misterio del amor como “atracción, santificación y misión”, se hace real, vivo y actual en la celebración litúrgica; es decir, se está haciendo realidad aquí y ahora. “La liturgia es siempre una llamada “desde el mundo” y una nuevo envío “al mundo” para dar testimonio de lo que se ha experimentado: el poder salvífico de la Palabra de Dios, el poder salvífico del Misterio pascual de Cristo” (Benedicto XVI, Domund).

Demos gracias a Dios que así ha querido engrandecer nuestra sencilla vida. Vivamos con humildad serena y con profunda alegría esta grandeza de nuestra vida, la de “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser” (Mt 22, 37), la grandeza de ser atraídos por Dios, santificados por Dios y enviados por Dios para convertirnos de esa manera “en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo” (Benedicto XVI, Porta fidei). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

PETICIÓN ———————–

Sigue su andadura el Año Teresiano. Pedimos para todos nosotros, por intercesión de santa Teresa, la gracia de un gran amor a la Iglesia, como ella lo tuvo; ella, que al final de las Moradas escribe: “En todo me sujeto a lo que tiene la santa Iglesia Católica Romana, que en esta vivo” (cf. Epílogo 24). Para que todos nosotros amemos cada vez más a la Iglesia. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES ———————

La semana cristiana que hoy comienza, la trigésima del Tiempo Ordinario, nos trae algunas fechas destacadas que vamos a señalar:

El martes, día 28, celebramos la fiesta de los apóstoles San Simón y San Judas Tadeo. De ellos, el Martirologio Romano hace el siguiente elogio: “Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero apellidado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: “El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él”.

El sábado, día 1, es la solemnidad de Todos los Santos. Fiesta de precepto. De todos los santos nos dice el Martirologio romano que “están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra a los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad”.

Y adelantamos ya también que la Iglesia concede la gracia de la Indulgencia, aplicable a las almas del purgatorio, a los fieles que visiten devotamente el cementerio o que oren por los difuntos en los días que van del 1 al 8 de noviembre. No dejemos de hacer esta gran obra de caridad por nuestros difuntos.

Sea para todos nosotros esta semana de Todos los Santos una semana en la que cuidemos con especial esmero la santidad en todas nuestras obras.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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 DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
(19 de octubre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ——————–

Jesucristo, el Hijo amado del Padre, el Redentor del hombre, el que ha sido enviado para que toda la tierra le reconozca como el camino que lleva a la vida y en el que todos los pueblos alcanzan la salvación, celebra, aquí y ahora, su Misterio Pascual.

Lo celebra en este domingo, el XXIX del Tiempo Ordinario en que la Iglesia vive a nivel mundial la Jornada por la Evangelización de los pueblos, el Domund, y hace en todos los lugares la colecta para colaborar con las Obras Misionales Pontificias. Una Jornada tan destacada en la vida de la Iglesia que en este Domingo puede emplearse el formulario propio de la Misa por la Evangelización de los pueblos, como nosotros haremos, Dios mediante.

Con humildad ahora, reconozcamos nuestros pecados e invoquemos con confianza la misericordia divina para que así seamos aptos para celebrar estos misterios tan santos.

HOMILÍA —————–

“Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). ¿Y qué es de Dios? ¿Qué le pertenece? ¿Qué es propio de Dios, propio suyo? Pues la gloria. “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria” (Sal 113B, 1), cantamos en el salmo 113. Pongamos, pues, nuestra atención en este domingo en la gloria de Dios; a ello nos invita no sólo las lecturas de la Misa en su conjunto (recuerden que en el salmo que hemos recitado, el 95, se nos decía: “Aclamad la gloria y el poder del Señor”), sino también la oración litúrgica de la Iglesia, que ha ido jalonando la oración de la mañana de este domingo con continuas alusiones a la gloria de Dios. Para adentrarnos en la consideración y contemplación y participación en la gloria de Dios podemos hacernos estas tres preguntas: ¿Qué es la gloria de Dios? ¿Por qué Dios no se guarda su gloria para sí? ¿En qué medida damos gloria a Dios con nuestras obras?

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¿Qué es la gloria de Dios? Primera pregunta. Es el conjunto de todas las perfecciones divinas, aquello por lo que Dios es Dios. Dios es un misterio de belleza y grandeza infinita. Lo que nosotros hemos percibido de Él es una mínima parte de toda su hermosura infinita. Dios es siempre más, Dios es siempre mayor, Dios es siempre mejor. Por donde Dios pasa deja algo de su gloria. “Mil gracias derramando/ pasó por estos sotos con presura/ y, yéndolos mirando,/ con sola su figura/ vestidos los dejó de hermosura” (Cántico Espiritual 5). Por donde Dios pasa y donde Dios actúa deja la huella de su sabiduría, bondad, poder, ternura, compasión, hermosura. Es como si toda la creación estuviese sustentada en la gloria de Dios, amasada con la gloria de Dios y aljofarada de gloria de Dios.

¿Por qué Dios no se guarda su gloria para sí? Segunda pregunta. Al comunicar su gloria, Dios no lo hace ni por necesidad ni por obligación; por tanto, si manifiesta y comunica su gloria es por un acto libre y dadivoso de su propia voluntad. Dice el Catecismo citando a San Buenaventura que Dios ha creado todas las cosas “no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla” y citando a Santo Tomás añade que Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad. “Abierta su mano con la llave del amor surgieron las criaturas” (CCE 293).

¿En qué medida damos gloria a Dios con nuestras obras? Tercera pregunta. No hay que entender aquí el verbo “dar” como una aportación o añadido para suplir alguna deficiencia, sino que equivale a “manifestar o mostrar”. Nuestras obras no le añaden gloria a Dios sino que manifiestan la gloria de Dios, la reflejan y expanden. Para que nuestras obras manifiesten la gloria de Dios han de reunir tres requisitos: han de ser obras moralmente buenas, han de ser las obras buenas que Él nos manda realizar y han de estar realizadas según su modo divino de obrar. No importa si son grandes o pequeñas, si son notorias o desconocidas; han de ser moralmente buenas, mandadas por él y hechas a su modo; sólo así nuestras obras irradiarán la gloria de Dios.

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Terminamos ya, queridos hermanos. Sigamos participando con atención en esta obra que Cristo está llevando a cabo, la celebración de su Misterio Pascual, que manifiesta ante nuestros ojos la gloria infinita del amor y del poder y de la sabiduría de Dios Padre. Y tras participar en el sacramento de su gloria, vivamos tan santamente que quien se acerque a nosotros pueda decir que ha contemplado la gloria Dios. Y deseemos ardientemente, y sobre todo en este Domingo del Domund, que todos los pueblos de la tierra lleguen a conocer, participar e irradiar la gloria de Dios, la gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amen.

PETICIÓN ————–

En el día del Domund tenemos un recuerdo especial para todos los sacerdotes de nuestra amada diócesis de Sigüenza-Guadalajara que se encuentran diseminados por distintos lugares del mundo: El Salvador, Méjico, Chile, Perú, Brasil, Colombia y Argentina. Y también por todos los miembros de la vida consagrada o fieles laicos que se encuentran igualmente lejos de la diócesis. Para todos ellos nuestro recuerdo y nuestra oración. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES ——————-

El Domingo nos abre las puertas de una nueva semana cristiana, la vigésimo novena del Tiempo Ordinario, en la que, al no haber grandes fechas destacadas, tenemos ocasión de tomar alguno de los ricos formularios de Misa que nos ofrece la Iglesia.

Para mañana, lunes, día 20, sugerimos celebrar la Misa votiva de la Santísima Trinidad, misterio y fuente de amor, de donde brotan todos los bienes (Cf. Misal Romano, Misas votivas, 1).

Para el miércoles, día 22, sugerimos celebrar la Misa por la familia, como un eco del reciente Sínodo. Nosotros tomaremos el formulario número 43 de las Misas por diversas necesidades.

Para el jueves, día 23, sugerimos celebrar la Misa votiva de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote (Cf. Misal Romano, Misas votivas 6 bis), para mantener viva nuestra gratitud al Señor por el don del sacerdocio y para actualizar nuestra humilde y perseverante plegaria por la abundancia del don del sacerdocio para nuestra diócesis.

Sea para todos una semana llena de gozo y de gracia.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

 DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
(12 de octubre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ———————–

Jesucristo, el Sumo Sacerdote que penetró en los cielos (cf. Hb 9, 12) y los ha dejado abiertos para nosotros, celebra, aquí y ahora, su Misterio Pascual para que nosotros veamos y vivamos anticipadamente el cielo por dentro.

Celebra su Misterio en este domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, casi en la mitad del mes de octubre, y asocia a la Iglesia a su celebración; por tanto, nos asocia a nosotros que somos, por el Bautismo, miembros de su Cuerpo.

Conscientes de la santidad de un Misterio tan grande como es el Misterio Pascual de Cristo, pidamos con humildad la purificación de todos nuestros pecados y la santificación de nuestras almas para que nosotros, los miembros del Cuerpo de Cristo, seamos tan dignos como lo es su Cabeza.

HOMILÍA ——————

“Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir” (Mt 22, 3). A la parábola de los viñadores homicidas, que nos relató San Mateo el pasado domingo, sigue la de los invitados descorteses que nos acaba de relatar en el día de hoy, en este vigésimo octavo domingo del Tiempo ordinario. Si a la parábola del pasado domingo le podíamos poner como subtítulo “Historia de un gran amor no correspondido”, a la de hoy le podemos poner como subtítulo “El estado en que se encuentra mi corazón”. Efectivamente, la distinta respuesta que damos a la invitación del Señor pone de manifiesto el estado de nuestro corazón. La respuesta que damos nos dice cómo vivimos. Por la respuesta al Señor se puede ver que hay tres modos de vivir: vivir en la pereza, vivir en el engaño y vivir en el amor.

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Vivir en la pereza, primera posibilidad. El hombre perezoso es hombre de abundantes palabras y de grandes promesas; promesas de un mañana que nunca llega. El perezoso se dice a sí mismo y nos dice a los demás e incluso le dice a Dios de forma muy compungida que tiene que cambiar, que no tardando tiene que cambiar, que un día de estos tiene que cambiar…, pero ese día nunca llega porque no quiere concretar y atarse moralmente en una especie de contrato preciso y determinado. Y así le va dando largas a Dios, largas a la gracia. Incluso el perezoso tiene sus trucos para evitar compromisos reales y es desviar la conversación hacia los demás y llena su tiempo con los temas de actualidad, con los malos comportamientos de otros, con la corrupción y los escándalos… Se trata de desviar la atención, de no atreverse a mirar de frente y en serio su propia vida. El perezoso es débil. Y así va pasando la vida y va pasando la gracia de Dios sin que haga morada en su corazón.¡Dios nos libre de la pereza espiritual!

Vivir en el engaño, segunda posibilidad. El hombre engañador hace cosas; incluso hace cosas buenas, pero no las que Dios quiere sino las que él quiere. En la vida del engañador, llegado el caso, algo cambia para que nada importante cambie. Ante las llamadas de Dios, el engañador cambia en algún aspecto menor y transitorio, en alguna minucia accidental, pero su corazón no se convierte de verdad y en totalidad a Dios. El engañador es egoísta y astuto. Su corazón está centrado en sí mismo y todo lo que piensa es en beneficio propio; es cumplidor hasta cierto punto, hasta el punto en que su comodidad y gusto queden amenazados. Hasta el corazón del engañador llega en el momento oportuno la voz dolida, tierna, dulce y apenada de Dios Padre que le dice: “Hijo mío, llevas toda la vida tratando de engañarme”. ¡Dios nos libre de tener un corazón falaz y engañador!

Vivir en el amor, tercera posibilidad. El que ama de verdad está disponible para hacer en cada momento lo que Dios quiere de él. Le ha entregado la voluntad y ya no tiene más voluntad que la de Dios. La mirada, en el caso del que ama, no está vuelta hacia las criaturas ni hacia sí mismo, sino que está vuelta siempre hacia Dios. El que ama, hace lo que a Dios le agrada y disfruta y se goza con ello. ¡Dios nos ayude a tener un corazón verdaderamente enamorado!

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Terminamos ya, queridos hermanos. No seamos descorteses con el Señor, sino aceptemos la invitación que nos hace para compartir su misma vida, que este es en definitiva el gran banquete al que nos invita a participar: un banquete que viviremos en todo su esplendor en la eternidad gloriosa, pero del que ya aquí quiere el Señor que disfrutemos anticipadamente por la vida de la gracia, mientras vamos todavía de camino. Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

PETICIÓN —————————

Sigue reunido el Sínodo sobre la familia y seguimos pidiendo nosotros por los Padres Sinodales y los demás participantes en la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos. El Espíritu Santo ilumine sus mentes para que la Iglesia pueda responder a los desafíos de la familia en fidelidad al proyecto de Dios. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES ——————-

El Domingo nos abre la puerta de una nueva semana cristiana, la vigésimo octava del Tiempo Ordinario en la que destacamos algunas fechas:

El miércoles, día 15, es la fiesta de Santa Teresa de Jesús, que en este año marca el inicio del Año Teresiano y del Año dedicado a la vida religiosa. Nos uniremos a la alegría de la Iglesia española por dicha inauguración.

El viernes, día 17, haremos memoria de San Ignacio de Antioquia, aquel santo obispo y mártir de la antigüedad, cuyo único deseo era convertise, como Cristo, en blanco pan de trigo, molido y triturado por los dientes de las fieras.

El sábado, día 18, celebraremos la fiesta de San Lucas evangelista, compañero de San Pablo y redactor del tercer Evangelio y del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Y mirando ya al domingo próximo recordemos que en ese próximo domingo se celebrará la Jornada Mundial del Domund, se clausurará el Sínodo de los Obispos sobre la familia y será beatificado el Papa Pablo VI. Vivamos en unión de toda la Iglesia todos estos acontecimientos de gracia.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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 DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
(5 de octubre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA —————

Jesucristo, “el Hijo de Dios, cuyos ojos son como llama de fuego y cuyos pies parecen de metal precioso” (Ap 2, 18), como dice el libro del Apocalipsis, celebra su Misterio Pascual para gloria del Padre y salvación de la Humanidad.

Nos sentimos dichosos de haber sido convocados para participar en la celebración de tan alto misterio en este domingo, el XXVII del Tiempo Ordinario, en los primeros días del mes de octubre.

A la grandeza del don ofrecido responda nuestra buena disposición. Puestos ante la grandeza y la santidad divinas reconocemos nuestra limitada condición de criaturas y de pecadores e invocamos con confianza el auxilio de la misericordia divina.

HOMILÍA ———————

“Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron” (Mt 21, 39). El año litúrgico sigue su curso. Entramos en sus dos últimos meses. Y se nota por el tono general de las lecturas que estamos ya en un tiempo en que las actitudes hacia Cristo se han decantado: unos le siguen con fidelidad en su camino hacia Jerusalén y otros le han rechazado de forma obstinada. La parábola que nos narra hoy Jesús y que es conocida como la de los viñadores homicidas, termina de forma dramática: con la muerte violenta del hijo del dueño de la viña. Jesús está anticipando así el relato de su propia muerte. A la parábola le podríamos poner también este otro título: Historia de un gran amor no correspondido. Y no es sólo cosa del pasado. Hoy como ayer el Amor no es amado. No es amado por su pueblo elegido, no es amado por sus pueblos elegidos y no es amado por sus personas elegidas.

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Dios no es amado por su pueblo elegido. El pueblo elegido del que la parábola nos habla es el antiguo Israel. El antiguo Israel era el gran amor de Dios. Lo eligió por puro amor. Los motivos de la elección estaban en el amor de Dios y no en las cualidades del pueblo. Y el pueblo elegido, el antiguo Israel, en su gran mayoría y por sus clases dirigentes no quiso corresponder a ese amor. Y rechazó al Hijo. Y rechazó a Cristo. El Amor no fue amado.

Dios no es amado por sus pueblos elegidos. Dios, a la largo de la historia ya redimida, se ha ido eligiendo nuevos pueblos que ha ido introduciendo en su Iglesia para hacerles partícipes del gran don de la Redención. Pensemos en los pueblos de Europa. Y pensemos en España, nuestro pueblo. Pero también los nuevos pueblos elegidos están rechazando en su gran mayoría y por sus clases dirigentes la nueva vida que Cristo nos ha traído con su sacrificio. El último ejemplo de rechazo legal a Cristo ha sido la retirada por parte del Presidente del Gobierno de España del “Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada”. La vida es rechazada y Cristo es rechazado, porque donde se rechaza a la vida se rechaza a Cristo. El Amor no es amado.

Dios no es amado por sus personas elegidas. Las personas elegidas somos nosotros. Hemos de mirarnos a nosotros mismos. Todos nosotros hemos sido bendecidos con toda clase de gracias y bendiciones. ¿Qué respuesta estamos dando a esta elección y a esta bendición? Tal vez no haya un rechazo frontal del Señor, pero es posible que no ocupe el lugar que debe ocupar. ¿Vivimos para Él? ¿Nuestra vida le agrada plenamente? ¿Vivimos de tal manera que se pueda decir que en nosotros el Amor es Amado?

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Terminamos ya, queridos hermanos. Dios sigue amando y sigue esperando. En esta historia de amor no correspondido, Dios sigue amando. Es lo que sabe hacer. Y sigue esperando que haya cada vez más corazones verdaderamente enamorados que le amen. Sea nuestro más íntimo y profundo deseo el que el Amor sea amado. Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amen.

PETICIÓN —————–

Hoy comienza el Sínodo sobre la familia. Pedimos por los Padre Sinodales y los demás participantes de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos. El Espíritu Santo ilumine sus mentes para que la Iglesia pueda responder a los desafíos de la familia en fidelidad al proyecto de Dios. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES ——————-

La semana cristiana que hoy comienza, la vigésimo séptima del Tiempo Ordinario, viene enriquecida, además de con la memoria de la Virgen del Rosario, que celebraremos el martes, día 7, con la celebración de las Témporas de Acción de gracias y de petición.

Las Témporas son días de acción de gracias y de petición que la comunidad cristiana ofrece a Dios, terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas, al reemprender la actividad habitual. Siempre que sea posible es aconsejable celebrar las Témporas en tres días de esta semana. Así lo haremos nosotros, Dios mediante.

El lunes, día 5, será nuestro día de Acción de gracias por todos los dones con que Dios nos ha enriquecido, sobre todo por los sabrosos frutos de la tierra, que hemos gustado en el pasado ejercicio agrario.

El miércoles, día 8, será nuestro día de Petición. Mirando a la nueva campaña agraria y al nuevo curso laboral que en estas fechas se está iniciando, pediremos la ayuda de la gracia para que en todo cumplamos la voluntad de Dios.

El viernes, día 10, será nuestro día Penitencial. Día en que le pediremos perdón al Señor por todos nuestros pecados y faltas de correspondencia a su amor. Ese día emplearemos el formulario de la Misa por el perdón de los pecados e invitaremos a todos recibir el sacramento de la Penitencia.

Sea para todos nosotros una semana llena de gozo y de gracia.

 Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
(28 de septiembre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ————–

Jesucristo es la luz de los pueblos y esa luz que es Cristo resplandece sobre el rostro del Iglesia (cf. LG 1). El momento de mayor intensidad de ese resplandor es en la celebración de los sacramentos y, muy especialmente, en la celebración del sacramento de la Eucaristía.

Y en ese momento estamos, queridos hermanos, en la celebración del misterio de la Eucaristía, en este Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, recién estrenado el otoño, lo que nos da ocasión para alabar a Dios que ha creado el universo y ha establecido el continuo retorno de las estaciones (cf. Prefacio V dominical del Tiempo ordinario).

Nuestras almas participarán plenamente de esa luz divina si están purificadas; por eso ahora, deseando esa purificación y reconociendo nuestros pecados, invocamos con confianza la misericordia divina.

HOMILÍA ———————

“Hijo, ve hoy a trabajar a la viña” (Mt 21, 28). En general, lo primero que solemos hacer cuando Jesús pronuncia una parábola es hablar de nosotros. Esta querencia a ir a nuestras tablas pone de manifiesto un grave desorden y es el de pensar que somos lo primero y principal y central en la enseñanza de Jesús. Sin embargo, el personaje central del Evangelio es siempre Dios. Jesús ha venido a revelarnos a Dios y su designio de salvación; por eso, la primera pregunta tras escuchar un texto inspirado ha de ser “qué dice Dios de sí mismo”. En la parábola de hoy, el personaje principal es Dios. Podemos formular hoy sobre Dios estas tres verdades: Dios es el que da órdenes, Dios es el que asigna misiones y Dios es el que enseña el modo de cumplirlas.

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Dios es el que da órdenes. Dios es el que gobierna y rige lo que es suyo, la creación. A este gobierno ordenado del mundo por parte de Dios le llamamos divina providencia. Dios da órdenes y las da con claridad. ¿Por qué a veces nosotros no las percibimos tan claramente? Porque nuestro corazón y nuestra mente no están del todo limpios y, además, porque el maligno actúa con toda su inteligencia para confundirnos. Por medio de “razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias” (lo que San Ignacio llama tentaciones de la “segunda semana”), el maligno confunde a las almas.

Dios es el que asigna misiones. En la viña del Señor hay muchos trabajos, todos convenientes; unos son trabajos ocultos y desconocidos, otros iniciales o de seguimiento, unos preparatorios y de largo alcance, otros conclusivos y brillantes… Lo que importa es que cada cual realice aquel trabajo que el Señor le encomienda y no otro. Cada cual a lo suyo.

Dios es el que enseña el modo de cumplirlas. Dios quiere que nosotros realicemos nuestra misión como Él realiza la suya. ¿Y cuál es el modo divino de hacer las cosas? Lo podemos resumir en una sola palabra, en una sola virtud: la humildad. Dios es humilde y la humildad es la virtud preferida de Dios.

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Terminamos ya, queridos hermanos. A las puertas del año teresiano concluimos nuestra homilía con una frase de las Moradas; hoy la tomamos de las Séptimas: “Creedme que Marta y María han de andar juntas para hospedar al Señor y tenerle siempre consigo… Su manjar es que de todas las maneras que pudiéremos lleguemos almas para que se salven y siempre le alaben” (7M 4, 12). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

PETICIÓN —————-

Por nuestra amada diócesis de Sigüenza-Guadalajara, que el próximo fin de semana celebrará su XXII Encuentro del Pueblo de Dios y en el que se presentará el nuevo Plan Pastoral Diocesano, que lleva por título “El amor de Cristo nos urge”, para que camine siempre por sendas de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Roguemos al Señor

AVISOS FINALES ——————– 

La semana cristiana que se inicia hoy y es la vigésimo sexta del Tiempo Ordinario viene cargada de muchos y buenos frutos de santidad, como recordando nuestro calendario cristiano que estamos en la estación de los frutos. Vamos a hacer referencia sólo a tres, para no fatigar nuestra memoria.

Mañana, lunes, día 29, celebra la Iglesia la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, de quienes la Sagrada Escritura revela misiones singulares, y que sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, a Él glorifican sin cesar.

El miércoles, día 1 de octubre, haremos memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual y demostró una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia. Murió en 1897, a los veinticinco años de edad.

El sábado, día 4 de octubre, celebra la Iglesia la memoria de San Francisco, el cual, después de una juventud despreocupada, se convirtió a la vida evangélica en Asís. Con sus palabras y actitudes mostró siempre su deseo de seguir a Cristo. Murió en el año 1226.

Con tan buenos y tan altos ejemplos e intercesores, avancemos nosotros por la senda de una verdadera santidad. Pasen todos ustedes una feliz semana.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
(21 de septiembre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ————–

Dios Padre, por la moción del Espíritu Santo, nos ha convocado en su casa en este Domingo, el XXV del Tiempo Ordinario, cuando comienza la estación del otoño, que es la estación de los frutos, porque quiere hacernos entrega de un fruto precioso: su Hijo Bendito, Cristo Jesús, en la grandeza espléndida de su Misterio Pascual. Cristo es el gran regalo que el Padre nos hace a nosotros.

Pero Cristo quiere hacerle también al Padre un regalo, que somos nosotros mismos. Dejémonos purificar y santificar. Y asociados al misterio de Amor de la Pascua de Cristo, seamos así aceptados por el Padre y halle en nosotros también sus complacencias.

Humillados ante Dios pidamos ahora la gracia del total arrepentimiento de nuestros pecados para que nuestro corazón quede bien dispuesto para la celebración de un Misterio tan santo.

HOMILÍA ——————————-

“¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” (Mt 20, 15). La parábola narrada por Jesús pone de manifiesto el deseo y las ganas que Dios tiene de salvar a todos, incluso de salvar “in extremis”, como a los trabajadores de última hora. Dios es entrañablemente bueno. Y conociendo cada vez más a Dios, conviene confrontarnos con Él para ver si de verdad nos vamos pareciendo a Él. Hagamos examen y respondamos a tres preguntas: ¿Deseo de verdad que todos se salven? ¿Me alegro por los que se salvan? ¿Lamento haber servido al Señor desde la primera hora?

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¿Deseo de verdad que todos se salven? Esta pregunta general incluye otras varias preguntas particulares. ¿Qué hago yo cada día por la salvación de los demás? ¿Rezo y me sacrifico cada día por la conversión de los pecadores? ¿Tienen sitio preferente en mi corazón aquellos que más necesitan de la gracia: los pecadores, los enfermos, los agonizantes, las almas del purgatorio?

¿Me alegro por los que se salvan? También esta segunda pregunta general incluye otras varias preguntas particulares. ¿Hay alegría en mi corazón por cualquier pecador convertido? ¿Me alegro por aquellos náufragos que se agarran a última hora a la tabla de la salvación? No es que prefiramos la salvación “in extremis” o de última hora; lo deseable para todos sería una salvación “in principiis”, desde el principio, es decir, una amistad con Dios nunca rota, pero lo que importa es que todos se salven, aunque algunos lo hagan “in extremis”, a última hora.

¿Lamento haber servido al Señor desde la primera hora? Y también esta tercera pregunta general incluye otras preguntas particulares. ¿Lamento haber llevado una vida ordenada desde pequeño? Otros han podido vivir la jornada de esta vida de forma descuidada y nosotros desde pequeños tratando de ser fieles. Y puede que nuestra frágil naturaleza se queje del trato desigual. ¿Pero hay mayor alegría que haber servido al Señor durante toda nuestra vida? ¿Hay mayor alegría que haber amado al Señor durante toda la jornada?

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Terminamos ya, queridos hermanos. A las puertas del año teresiano, concluimos la homilía con una frase de las Moradas. Tomemos hoy la que escribe en las Sextas: “Procuremos siempre mirar y remirar nuestra pobreza y miseria y que no tenemos nada que no lo recibimos” (6M 5, 6). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

PETICIÓN —————————

Por los cristianos perseguidos en toda la redondez de la tierra y en particular por los cristianos que sufren cruel persecución en estos momentos en Irak, Siria y Nigeria, para que el Señor acuda pronto a liberarlos y sea su ayuda y protección en el sufrimiento. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES ———————————–

El Domingo nos abre las puertas de una nueva semana cristiana, la vigésimo quinta del Tiempo Ordinario, en la que nos encontraremos con algunas fechas destacadas:

El martes, día 23, celebraremos la memoria de San Pío de Pietrelcina, sacerdote religioso capuchino, que ejerció su ministerio con gran entrega pastoral en Italia. Configurado plenamente con Cristo crucificado, completó su peregrinación terrena el 23 de septiembre de 1968.

El sábado, día 27, celebraremos la memoria de San Vicente de Paúl, presbítero. Fundó la Congregación de la Misión, destinada a la formación del clero y al servicio de los pobres. Con la ayuda de santa Luisa de Marillac fundó, también, la Congregación de Hijas de la Caridad. Murió en París el año 1660.

Y ya que hemos incluido una petición en la oración de los fieles por los cristianos perseguidos, celebraremos la Santa Misa del viernes, día 26, según el formulario que la Iglesia tiene para estos casos y que se llama precisamente “por los cristianos perseguidos” (Misas por diversas necesidades, nº 15).

Sea para todos nosotros esta semana, la vigésimo quinta del Tiempo Ordinario, una semana llena de gozo, de gracia y de paz.

 Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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DOMINGO.
FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
(14 de septiembre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ——————-

Jesucristo nuestro Señor quiere celebrar, para gloria del Padre y salvación nuestra, su Misterio Pascual una vez más; lo hace, gustoso y enamorado, en este Domingo de mitad del mes de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. “La Cruz -nos dice el Martirologio Romano- es ensalzada y venerada como trofeo pascual de su victoria y signo que aparecerá en el cielo, anunciando a todos la segunda Venida”.

Sintámonos todos cada vez más atraídos por el misterio de la Cruz de Cristo, el más grande misterio de amor, el mayor acontecimiento de la historia, el mayor beneficio para la humanidad.

Y acerquémonos al misterio de la Cruz de Cristo con mucha humildad y pureza de corazón. En el comienzo de esta celebración en que Cristo actualiza el Misterio de su Cruz invoquemos la gracia de la divina misericordia.

HOMILÍA —————————–

“Así tiene que ser elevado el Hijo del hombre” (Jn 3, 14). En su coloquio nocturno con Nicodemo, Jesús alude a su futuro ensalzamiento en la Cruz. Recordará esto mismo cuando se vaya acercando a su Pasión, al afirmar: “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). Y dará fe de los hechos San Juan cuando, tras la lanzada del soldado, escriba: “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37). En la gran Fiesta de la Santa Cruz recordamos esta triple afirmación de San Juan; al recordarla viene a la memoria las palabras del Sr. obispo al presbítero en la ordenación: “Conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”. Para saber si la cruz de Cristo es la forma de nuestra vida y va dando forma a nuestra vida, no sólo a la vida de los presbíteros sino a la de los fieles laicos y a la de los consagrados, hemos de ver si en nuestro corazón se van consolidando estas tres actitudes: cierta inclinación a ir bajando, aceptación serena del sufrimiento y presencia del amor en el sufrimiento.

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Cierta inclinación a ir bajando. Así lo hizo Jesús, el cual, sin alardear de su categoría de Dios, se encarnó y tomó la condición de esclavo y se sometió a la muerte de Cruz. Aprendamos de Él y en Él a ir bajando, a ir descendiendo por la práctica de la humildad, por la docilidad completa a la voluntad del Padre y por la mansedumbre en toda nuestra conducta, sean cuales sean las misiones que el Padre nos encomiende o nos deje de encomendar.

Aceptación serena del sufrimiento. La aceptación es más que la resignación tolerante; se trata de una actitud positiva de receptividad; se trata no sólo de hacer lo que Dios quiere, sino de querer lo que Dios hace, de hacer nuestra la voluntad suya.

Presencia del amor en el sufrimiento. Así lo hizo Jesús: puso amor en su sufrimiento y éste se transformó en Cruz, es decir, en fuente de glorificación del Padre y de gracia y salvación para toda la humanidad.

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Terminamos ya, queridos hermanos. A las puertas del año teresiano, vamos tomando para la conclusión de nuestras homilías dominicales una frase de las Moradas. Tomemos hoy la que escribe en las Quintas: “Como aquel alma ya se entrega en sus manos y el gran amor la tiene tan rendida que no sabe ni quiere más de que haga Dios lo que quisiere de ella… quiere que sin que ella entienda cómo, salga de allí sellada con su sello” (5M 2, 12). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

PETICIÓN —————–

En esta próxima semana se celebrarán varias tandas de Ejercicios Espirituales en diversas diócesis de España. Atendiendo a la invitación del Señor que nos dijo “pedid y recibiréis” le pedimos que sea muy generoso el Señor con todos los ejercitantes y que los ejercitantes sean a su vez muy generosos en su respuesta al Señor.

AVISOS FINALES  ——————————

El Domingo nos abre las puertas de una nueva semana cristiana, la vigésimo cuarta del Tiempo ordinario, en la que aparecen algunas fechas destacadas que vamos a anticipar.

Mañana, lunes día 15, haremos memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto a la Cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora.

El martes, día 16, haremos memoria de San Cornelio, papa, y san Cipriano, obispo, mártires cuyos nombres fueron incorporados a la Primera Plegaria Eucarística. Juntos son celebrados por todo el orbe cristiano, porque en días de persecución, ambos testimoniaron su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo, como lo hacen tantos hermanos nuestros a día de hoy en tantos lugares del mundo.

El sábado, día 20, haremos memoria de los santos Andrés Kim Taegón, presbítero, Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires en Corea y patronos de aquella bendita tierra. Nos alegramos con la joven y pujante Iglesia católica en Corea, que ha recibido recientemente la visita del papa Francisco.

Sea para todos nosotros esta nueva semana, la vigésimo cuarta del Tiempo ordinario, un tiempo de gracia, de gozo y de paz.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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 DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
(7 de septiembre de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ————

Dios, uno y trino, las tres divinas personas nos abren la puerta de su casa, de este lugar santo, nos han dado la bienvenida y nos invitan a compartir el banquete sacrificial de la Eucaristía, en este Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, cuando ha comenzado ya el mes de septiembre y en él las actividades de un nuevo curso laboral, académico y pastoral.

Sea la gratitud el primer sentimiento que brote de nuestro corazón, ante la invitación que la familia divina, la familia trinitaria nos hace.

Y junto a la gratitud, la humildad. Es muy santo el misterio en el que vamos a participar y hemos de acercarnos con un corazón purificado y limpio. Por eso, para participar dignamente en él, le pedimos al Señor perdón de todos nuestros pecados, confiando en su infinita misericordia.
HOMILÍA ————————————-

“Si te hace caso has salvado a tu hermano” (Mt 18, 15). Nos habla Jesús en el Evangelio de hoy de la corrección fraterna. La corrección fraterna es una obra de caridad muy difícil de realizar bien. Lo que llamamos corrección fraterna no pasa de ser en muchas ocasiones una reprensión que no sirve para nada. Nuestras correcciones fraternas adolecen de muchos defectos; vamos a señalar tres: se corrige demasiado, se corrige con malos modos y se corrige con fines poco elevados.

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Se corrige demasiado. A cada paso estamos haciendo correcciones a los demás y además lo justificamos diciendo que es por su bien, que son verdaderos los fallos que señalamos y que de otra manera perjudicaría a los demás y a sí mismo. Bien está que nos pongamos juiciosos y razonables, pero la verdad es que corregimos tanto porque aguantamos muy poco. Las más de las veces corregimos porque nos molesta el prójimo, no porque estemos interesados en su salvación.

Se corrige con malos modos. En muchas ocasiones se vive al acecho del otro para ver si le sorprendemos en cualquier falta y así tener armas que arrojarle a la cara cuando surjan algunas diferencias o dejar caer frases con doble intención para hundirle. La corrección a veces no pasa de ser un ajuste de cuentas. Recuerdo que uno de mis alumnos de hace años, cuando para corregirle dejaba caer alguna frase con segundas intenciones, me decía con buen humor que estaban prohibidas las armas químicas.

Se corrige con fines poco elevados. Las más de las veces corregimos para ganar, corregimos para vencer, corregimos para taparle la boca al prójimo, corregimos para hundir en la derrota al adversario. Las motivaciones de nuestras correcciones no son siempre santas. Al corregir, no siempre buscamos la gloria de Dios.

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Terminamos ya, queridos hermanos. El Señor nos llene de su amor y de su misericordia y de su paciencia y de su sabiduría. A las puertas del año teresiano terminamos con una frase de las Moradas; hoy la tomamos de las Cuartas: “Lo más sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro provecho y regalo y gusto” (4M 3, 6). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
PRECES ——————————–

Por todos los fieles que en estos días y en lugares diversos de nuestra diócesis se están preparando para celebrar sus fiestas patronales en honor del Santo Cristo y de la Santísima Virgen, para que sean días de encuentro sacramental con la gracia y de encuentro fraterno con los hermanos en la fe. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES ——————-

Hemos alabado “con santas voces” un domingo más a Dios Padre por medio del Espíritu Santo y le hemos dado gracias por el misterio pascual de Jesucristo, mediante el cual nos ha redimido, salvado, santificado y glorificado.

Sigamos alabando al Señor con una vida santa en el día de hoy, día entero consagrado al Señor. Sigamos alabándole a lo largo de toda esta semana, en la que destaca de forma especial mañana, lunes, día 8, la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen.

Y sigamos alabando al Señor durante toda nuestra vida, para que lleguemos a alabarle con los ángeles y los santos en el cielo por toda la eternidad.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
(31 de agosto de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ———-
Jesucristo, al acercarse a su Pasión, oraba así al Padre: “Padre, ha llegado la hora” (Jn 17, 1). Efectivamente, la gran “hora” o tiempo de gracia plena, de glorificación y salvación, fue su Misterio Pascual. “Cuando llegó su hora (cf. Jn 13, 1; 17, 1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa” (Catecismo 1085).

Y lo que dijo entonces, lo dice ahora, en esta mañana de verano, en este día final del mes de agosto, en este domingo XXII del Tiempo Ordinario, al inicio de la celebración: “Padre, ha llegado la hora” (Jn 17, 1), la hora en que actualiza y renueva su gran sacrificio. Lo renueva y actualiza Él mismo ya que Él es “el autor y el sujeto principal de su propio sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie” (EdE 29).

Lo celebra Él y nos invita a asociarnos a nosotros. Hagámoslo con un corazón agradecido, con un corazón arrepentido y con un corazón confiado. Invoquemos lo primero de todo, como siempre, a nuestro Dios y Padre, infinitamente misericordioso.
HOMILÍA ——————————–

“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16, 24). La escena evangélica que nos narra hoy San Mateo es continuación de la que nos narró el pasado domingo. Y es continuación no sólo literariamente sino espiritualmente: sólo a un corazón abnegado le comunica Jesús su secreto más íntimo, el secreto de la Cruz y, como consecuencia, el secreto de la unión íntima de amor perfecto con Él. La Cruz conduce al matrimonio espiritual. La Cruz es un misterio de amor. Al final del camino está la unión con Dios. Así que más allá del afán posesivo están las renuncias por amor a Cristo, más allá de las renuncias está el deseo de padecer por Cristo y más allá del deseo de padecer por Cristo está la unión con Dios en Cristo.

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Más allá del afán posesivo están las renuncias por amor a Cristo. El alma que quiere llegar al final del camino, es decir, a la unión con Dios, ha de vivir un éxodo de las criaturas, renunciando a todas por la vía de la estimación de la voluntad que desplaza su atención más allá de los gustos o apegos. Criaturas son todas (materiales, morales, gustos, honra, fama, éxitos, fracasos…), menos Dios. Renunciando a todo, el hombre es señor de sí; renunciando a todo, queda sólo Dios.

Más allá de las renuncias por amor a Cristo está el deseo de padecer por Cristo. Si miramos con detenimiento, concluiremos que el que más nos ha amado ha sido el que más ha sufrido por nosotros. Pues bien, mostrándonos la Cruz de Cristo el Padre nos dice: “Mirad cuánto os amo”. Nuestra lógica respuesta es ser capaces de amarle también de esa manera, sufriendo por Él, imitándole. El amor o surge entre iguales o hace iguales.

Más allá del deseo de padecer está la unión con Dios en Cristo. Al final del camino está la unión con Dios por perfección de amor, la conformidad total de nuestra voluntad con la suya, la donación personal en el matrimonio espiritual vivido al máximo nivel posible en esta vida y culminado después en los esplendores de la eternidad.

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Terminamos ya, queridos hermanos. A las puertas del año teresiano, venimos concluyendo nuestras homilías con una frase de las Moradas; la de hoy está tomada de las Terceras: “No está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo” (3M 2, 6). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
PRECES ———————

Seguimos teniendo presentes en estos días a todos los que, al finalizar sus vacaciones, han de realizar el viaje de regreso a su lugar habitual de residencia. De modo particular encomendamos a todos los que en día de hoy hayan de viajar. El Señor conceda a todos los conductores y a los responsables de tráfico prudencia, paciencia y acierto para todos regresen con bien a sus hogares. Roguemos al Señor.
AVISOS FINALES —————–

El domingo nos abre las puertas de una nueva semana cristiana, la vigésimo segunda del Tiempo Ordinario, que cubrirá los primeros días del mes de septiembre.

Con la llegada de septiembre se reanuda el curso laboral, tanto industrial como agrario. Por esta razón, el lunes, día, 1, celebraremos la Misa con el formulario “Por la santificación del trabajo humano” (Ad diversa, n. 25).

Con la llegada de septiembre comienza también un nuevo curso académico. Pedimos por alumnos, profesores y todos los que forman parte de la gran familia educativa. Sea para todos un tiempo de crecimiento y maduración humana, intelectual y espiritual.

Con la llegada de septiembre comienza también el curso pastoral, tanto a nivel parroquial como arciprestal y diocesano. Estemos dispuestos a responder a las llamadas que la Iglesia nos haga, tanto para recibir su enseñanza y formación como para colaborar en la misma.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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 DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
(24 de agosto de 2014)

MONICION INICIAL ———————

“Es domingo; la presencia/ de Cristo llena la casa”. Así reza la Iglesia en uno de sus himnos litúrgicos dominicales. La presencia de Cristo llena esta casa, este templo. La presencia del Señor es presencia activa. “Mi Padre trabaja y yo también trabajo” (Jn 5, 17), decía Jesús durante su vida terrena y lo dice con toda propiedad ahora que ya vive vida glorificada.

La obra que ahora realiza Jesús por deseo del Padre y bajo la dirección del Espíritu Santo es la celebración de su Misterio Pascual. Misterio que llena de gracia el templo y la historia humana en este domingo, el XXI del Tiempo Ordinario, cuando ya el mes de agosto se encamina hacia su final.

Dejemos que la gracia de Cristo llene también nuestro corazón. El Señor nos mire ahora con bondad y misericordia para que nuestro corazón se ablande y se humille y estemos así en condiciones de participar fructuosamente en la celebración de su sagrado Misterio Pascual.
HOMILÍA ————————————-

“Eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo” (Mt 16, 17). Jesús se llevó a los discípulos allá lejos, a la zona más septentrional de Tierra Santa, a la región de Cesarea de Filipo, en las estribaciones del Hermón. Y allí les sometió a un examen, una especie de evaluación para ver cómo iban las cosas. Les hizo una prueba teórica para comprobar si iban asimilando la verdad de quién era y a qué había venido. Las pruebas y las comprobaciones son necesarias para ver cómo está realmente nuestro nivel de virtud. Esta escena del Hermón es la mejor pagina para entender lo que es la abnegación cristiana: un nuevo modo de ver las cosas, una nueva mente, un nuevo corazón.

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Un nuevo modo de ver las cosas, en primer lugar. Hay dos modos de ver la realidad: el modo humano (siempre parcial y fragmentario) o el modo divino (modo completo y acabado). San Pedro, con las luces recibidas de lo alto, ve la grandiosa realidad del misterio de Cristo en su totalidad y en su sentido último. El apóstol ha dejado de ver las cosas al modo humano, es decir, ha superado su modo de ver, se ha abnegado o negado a sí mismo, para verlo todo como lo ve Dios.

Una nueva mente, en segundo lugar. La abnegación cristiana no es destrucción, sino mejora. No es privarse de razón sino purificar y ensanchar la razón. Cuando San Pablo les dice a los fieles de Corinto que procuren que se forme en ellos “la mente de Cristo” (1Cor 2, 16), sabe que van a salir ganando. Les invita a la abnegación de la mente. La sustitución de su propio modo de pensar por el modo de pensar de Cristo, va a ser para ellos una ganancia.

Un nuevo corazón, en tercer lugar. La abnegación cristiana en realidad más que negar, afirma. El corazón abnegado es aquel que deja atrás los modos bajos de amar para asimilar los modos de amar del Corazón de Cristo. Cuando San Pablo les dice a los fieles de Filipos que tengan “los mismos sentimientos que tuvo Cristo” (Flp 2, 2), esto no va a significar pérdida de capacidad afectiva o caritativa, sino que ésta va a quedar purificada y mejorada.

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Terminamos ya, queridos hermanos. A la puertas del año teresiano, venimos concluyendo nuestras homilías con una frase de las Moradas; tomamos hoy la que escribe en las Terceras: “¡Pruébanos, tú, Señor, que sabes las verdades, para que nos conozcamos!” (3M 1, 9). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
PRECES ———————–
(Para añadir a las cuatro habituales o para sustituir a una de las cuatro habituales)

Pedimos por todos los veraneantes que en los próximos días finales de agosto regresarán, tras las vacaciones, a sus lugares habituales de residencia. El Señor les conceda un viaje de regreso sereno y seguro y los bendiga y guarde con su paz. Roguemos al Señor.
AVISOS FINALES ——————–

La semana cristiana que hoy comienza, la XXI del Tiempo Ordinario, trae consigo algunas celebraciones destacadas que vamos a anticipar:

El martes, día 26, haremos memoria de Santa Teresa Jornet, la fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y patrona de la Ancianidad. Tendremos muy presentes a la comunidad de Hermanitas que atienden en nuestra ciudad la Residencia de Ancianos “Don Saturnino López Novoa”, que próximamente será beatificado.

El miércoles, día 27, haremos memoria de Santa Mónica, ejemplo eminente de madre cristiana.

El jueves, día 28, haremos memoria de su hijo San Agustín, el inquieto buscador de Dios, que al final, aunque un poco tarde, le encontró, aunque nunca es tarde si la dicha es buena, como en este caso.

El viernes, día 29, haremos memoria del martirio de San Juan Bautista, anuncio, presagio y prefiguración del martirio del Señor.

Sea para todos esta semana, la XXI del Tiempo Ordinario, una semana llena de gozo, de gracia y de paz.

 Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
(17 de agosto de 2014)

MONICIÓN INTRODUCTORIA ————–

Jesucristo, “el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro” (Ap 2, 1) como dice el libro del Apocalipsis, celebra aquí y ahora, para gloria del Padre y salvación de la humanidad, su Misterio Pascual: su muerte redentora, su sepultura fecunda y su resurrección gloriosa.

Celebra su Misterio en este Domingo XX del Tiempo Ordinario, en el centro y mitad del caluroso mes de agosto, en el centro y mitad del verano de 2014.

Ocupe también el Misterio Pascual del Señor el centro y mitad de nuestra vida, el lugar más determinante de nuestro corazón. La centralidad de este Misterio en el que nos disponemos a participar demanda de nosotros unas buenas actitudes y disposiciones: disposición de pureza, disposición de humildad. En estos primeros momentos de la celebración le pedimos al Señor que tenga compasión de nosotros, que nos reconocemos pecadores y deseamos participar con fruto en esta celebración.

 

HOMILIA ———————–

“Mujer, ¡qué grande es tu fe!” (Mt 15, 28). Frente a los reproches que en varias ocasiones dirige Jesús a sus discípulos por su falta de fe o por la debilidad de su fe, aquí tenemos el elogio que hace Jesús de la fe de esta mujer cananea. Se trata de una mujer nativa de aquellos territorios en los que se había asentado en el pasado el pueblo elegido, pero que no pertenecía al pueblo elegido. Jesús alaba la grandeza de su fe. La grandeza de la fe tiene estas tres manifestaciones: atracción universal, audacia ponderada y perseverancia confiada.

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Atracción universal. Primera manifestación de la grandeza de la fe. La fe salta todas las barreras. Una mujer, extranjera, con grave carencia familiar… Circunstancias humanas que parecen justificar el alejamiento de Jesús. Y sin embargo, ella se acerca. Cristianos probados, perseguidos, despojados… Y sin embargo, la fe hace que se sientan irresistiblemente atraídos por Jesús. Ninguna circunstancia humana es capaz de apartar de Jesús al hombre de fe; al contrario, le une cada vez más a Él. ¡De las presiones humanas que quieren apartarnos de ti, líbranos, Señor!

Audacia ponderada. Segunda manifestación de la grandeza de la fe. El hombre de fe razona y lleva su razonamiento hasta las últimas consecuencias, hasta la audacia. El acto de fe es racional, sano, ponderado. La mujer piensa ponderadamente y así lo dice que en una casa hay pan para todos, hasta para los perros; por tanto, en esta gran casa de Dios hay gracia y santidad para todos. Hay gracia y santidad para mí. ¡De la falta de audacia ponderada, líbranos, Señor!

Perseverancia confiada. Tercera manifestación de la grandeza de la fe. Las cosas no salen a la primera, pero salen. Todo ha de llegar a suficiente tiempo y número y sazón. En la vida espiritual, resistir es vencer. Si las virtudes no se elaboran en un instante es para que así sean más sólidas y consistentes y para que luego las valoremos más y mejor. ¡De la impaciencia y de la falta de perseverancia, líbranos, Señor!

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Terminamos ya, queridos hermanos. A las puertas del año teresiano concluimos con una frase tomada de las Moradas; la de hoy está tomada de las Segundas: “Toda la pretensión de quien comienza oración… ha de ser trabajar y determinarse y disponerse con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad conformar con la de Dios” (2M 1, 8). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES ———————–
(Para añadir a las cuatro peticiones habituales o para sustituir a una de las cuatro peticiones habituales)

Por el Papa Francisco, peregrino en Korea, y por los jóvenes que con él se han encontrado, para que la luz de Cristo, que llega de Oriente, brille intensa y radiante e ilumine a los nuevos creyentes y, por ellos, a toda la humanidad. Roguemos al Señor.
AVISOS FINALES —————————————-

La semana cristiana que hoy se inicia, la vigésima del Tiempo Ordinario, trae consigo algunas fechas destacadas que vamos a anticipar:

El día 20, miércoles, celebraremos la memoria de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el hombre que recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor en el año 1153.

El día 21, jueves, haremos memoria de San Pio X, el papa que a comienzos del siglo XX se propuso como programa de gobierno recapitular todo en Cristo, el Papa que promovió entre los fieles la vida cristiana con la participación en la Eucaristía, la dignidad de la sagrada liturgia y la integridad de la doctrina. Murió el día 20 de agosto del año 1914

Deseamos que los veraneantes sigan disfrutando de unas apacibles vacaciones, que los trabajadores de la restauración y del sector servicios vayan percibiendo una satisfactoria rentabilidad en sus negocios y que los agricultores hayan concluido con bien sus trabajos de recolección.

Sea para todos nosotros esta semana, la vigésima del Tiempo Ordinario, una semana llena de gozo y de gracia.

Padre Alejo Navarro. 1920 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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