1. Homilías Dominicales

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

MONICIÓN INTRODUCTORIA ————

Jesucristo, que es a la vez y en sí mismo sacerdote, víctima y altar (cf. Pref. V de Pascua), celebra, aquí y ahora, por el ministerio de los presbíteros de la Iglesia, su Sacrificio Pascual para gloria del Padre y salvación de la humanidad.

Celebra Él su propio Misterio en este Domingo, el XVIII del Tiempo Ordinario, en los inicios del caluroso mes de agosto, y nos invita a asociarnos a su celebración. Así lo han ido haciendo todos los hombres y mujeres de fe que nos han precedido, así lo han hecho sobre todo los santos, de los que siempre hemos de tomar ejemplo.

La misericordia omnipotente del Padre actúe ahora por su Espíritu Santo en nuestro corazón y lo haga humilde y puro, para asociarnos así a la humildad y pureza del Corazón de Cristo en la renovación del Sacrificio de la redención (cf. Prefacio de la Misa crismal).

 

HOMILÍA ————————-

“Comieron todos hasta quedar satisfechos” (Mt 14, 20). La narración del milagro de la multiplicación de los panes nos trae a la memoria aquellas palabras pronunciadas por Jesús en cierta ocasión: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Vida por la Palabra y vida por las obras. Palabras y obras divinas, palabras y obras divinas en los demás, palabras y obras divinas en nosotros mismos.

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Palabras y obras divinas. Las promesas de vida abundante realizadas por Jesús no se quedan en palabras. El milagro de Jesús en el que hay comida para todos hasta quedar satisfechos y además sobra, es el signo de que su promesa va en serio, sin dilaciones y además con una generosidad que desborda nuestras mejores previsiones sobre la bondad divina. Dios da sus bienes sin medida y en el momento justo. Palabras y obras íntimamente unidas entre sí, hechos y dichos, promesa y realidad.

Palabras y obras divinas en los demás. Nuestra mirada a los demás no ha de ser sólo ni principalmente ni únicamente para acosarles y fiscalizar sus defectos. No nos ha dado Dios la mirada para eso, sino para contemplar en ellos su obra de santificación y engrandecimiento. La santidad en los demás es un hecho. La lista de los santos se va ampliando. Las recientes canonizaciones de tan fuerte impacto mundial son sólo un botón de muestra de lo mucho y bueno que Dios está haciendo en los demás.

Palabras y obras divinas en nosotros mismos. A pesar de los alardes que a veces solemos hacer en nuestras conversaciones sobre nuestras actuaciones, en realidad todos tenemos un bajo concepto de nosotros mismos, ya que vemos más de cerca que nadie nuestra propia miseria. Sin embargo, también hemos de ver más de cerca que nadie la obra grandiosa que Dios ha ido realizando en nuestra alma. Mirando a Dios y a su obra en cada uno de nosotros, nuestra vida ha de ir de asombro en asombro.

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Terminamos ya, queridos hermanos. A las puertas del año teresiano, iremos tomando cada día alguna frase de las Moradas para concluir nuestra homilía. Tomemos hoy la que escribe en las Primeras: “(Dios) es muy amigo de que no pongan tasa a sus obras” (1M 1, 4). Todo sea para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES ——————-
(Para añadir a una de las cuatro peticiones habituales o para sustituir a una de esas cuatro peticiones habituales)

Por todos los que en estos días están disfrutando de su descanso estival, para que sean días de encuentro respetuoso con la naturaleza, de encuentro gozoso con familiares, amigos y conocidos y de encuentro sereno y vivificante con Dios. Roguemos al Señor.
AVISOS FINALES ———————————

El Domingo abre la puerta de una nueva semana cristiana, la décimo octava semana del Tiempo Ordinario, que nos trae algunas fechas destacadas que vamos a anticipar:

Mañana, lunes, día 4, celebra la Iglesia la memoria de San Juan María Vianney, el cura de Ars, modelo y patrono del clero parroquial. Por su intercesión pedimos por la santificación de todos los sacerdotes y muy especialmente de los párrocos.

El miércoles, día 6, celebra la Iglesia la Fiesta de la Trasfiguración del Señor, en la que Jesucristo, el Unigénito, el amado del Eterno Padre, manifestó su gloria ante los santos apóstoles Pedro, Santiago y Juan.

El viernes, día 8, celebra la Iglesia la memoria de Santo Domingo de Guzmán, sacerdote y fundador de la Orden dominicana, también llamada Orden de predicadores. Gran difusor del Rosario, puede ser considerado uno de los grandes santos que España ha dado a la Iglesia.

El sábado, día 9, celebra la Iglesia la fiesta de Santa Teresa Benedicto de la Cruz (Edith Stein), virgen y mártir, patrona de Europa, nacida y educada primeramente en la religión judía, que después recibió por el bautismo la nueva vida en Cristo al que se consagró en la vida religiosa carmelitana y que finalmente murío mártir en el campo de exterminio de Auschwitz en 1942.

Sea para todos nosotros esta semana décimo octava del Tiempo Ordinario una semana llena de gozo y de gracia.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.