1. Homilías Dominicales

IV DOMINGO DE PASCUA
(26 de abril de 2015)

“Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas… Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen” (Jn 10, 11.14). En el cuarto domingo de Pascua hemos escuchado también la cuarta vez que Jesús emplea para hablar de sí mismo la famosa fórmula “Yo soy” añadiéndole un predicado. Siete veces emplea San Juan la fórmula en su Evangelio (anda de por medio el empeño de mostrar su divinidad). La lista completa es: yo soy el pan de vida, la luz del mundo, la puerta, el buen pastor, la resurrección y la vida, el camino, la verdad y la vida, la vid verdadera.

Hemos de sentirnos atraídos por los siete “yo soy” que pronuncia Jesús, es decir, hemos de sentirnos atraídos por la persona de Jesús, en quien vivimos “una relación viva y personal con Dios vivo y verdadero” (CCE 2558). Se lamentaba fray Luis de Granada de que los cristianos españoles de su tiempo estaban “enteros en la fe, rotos en la vida”. El misterio de Cristo es para ser vivido. El misterio de Cristo no ha de quedar atrapado en los libros de dogmática que dan un toque de erudición distinguida a nuestras estanterías, sino que ha de pasar a nuestra vida. Nosotros somos nuestra mejor biblioteca de cristología. Otro sabio de nuestro siglo de Oro, dando norma y criterio para educar y ordenar la afectividad recomendaba “lo primero, traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su ida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él” (San Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo I, 13, 3).

¿Y con qué nombre de entre los que Jesús se da a sí mismo podemos relacionar el Evangelio de hoy? La verdad es que hoy tenemos fácil la elección: con el nombre que él mismo se ha dado, con su cuarto “yo soy” en el Evangelio de San Juan, el Evangelio escrito por aquel que lo oyó y lo vio con sus propios ojos y lo contempló y tocaron sus manos (cf. 1Jn 1, 1): “Yo soy el buen Pastor” (Jn 10, 11).

Comentando el nombre de “Pastor” que le da fray Luis de León a Cristo, escribe: “Su regir es dar gobierno y sustento, y guiar siempre a los suyos a las fuentes del agua, que es en la Escritura a la gracia del Espíritu, que refresca y cría y engruesa y sustenta”.

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Terminamos ya, queridos hermanos. Como hacemos habitualmente, nuestras palabras terminan siendo oración agradecida: “Gracias, Señor, por ser nuestro buen Pastor: por conocernos, por darnos vida y por darnos la vida”.

Todo sea para gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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 III DOMINGO DE PASCUA
(19 de abril de 2015)

MONICIÓN INTRODUCTORIA  ————–

 Jesucristo, el Primero y el Último, el que estuvo muerto pero ahora está vivo por los siglos de los siglos y tiene las llaves de la Muerte y del Hades (cf. Ap 1, 17-18), celebra su Misterio Pascual en este domingo III de Pascua, en este tiempo hermoso de  primavera temprana, para que el Padre disfrute complacido y para que la redención se expanda por doquier.

El tiempo de gracia que es la Pascua nos ha traído este año otro regalo añadido: la convocatoria oficial del Jubileo de la Misericordia que hizo el Santo Padre en Roma el pasado día 11 del presente mes de abril.

Celebra ahora Jesucristo su Misterio Pascual y nos invita a asociarnos a su celebración. Iniciamos la celebración con el rito de la bendición y aspersión con el agua bendita, rito que nos trae a la memoria agradecida el gran acto de misericordia divina que Dios tuvo con nosotros en el sacramento del Bautismo, por el que nos perdonó el pecado original y nos elevó a la condición de hijos suyos.

HOMILÍA —————–

“En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos” (Lc 24, 48). La aparición de Jesús a los discípulos en el cenáculo que nos narra San Lucas, termina como suele terminar toda gracia que Dios da al alma, termina en misión. Las mercedes de Dios no son para lucimiento personal sino para poder cumplir la misión que Él mismo nos encomienda. Esta es la misión que encomienda Jesús a su Iglesia: invitar a la conversión, a la entrega completa y total del corazón, e invitar a vencer, con su gracia, al pecado.

¿Y con qué nombre de entre los que Jesús se da a sí mismo podemos relacionar el Evangelio de hoy? Con el que se da en el Apocalipsis: “Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación” (Ap 3, 14). Al aplicarse Jesús a sí mismo la palabra Amén nos está indicando que todos nuestros males tienen remedio. Amén es la palabra más rotunda de nuestro vocabulario religioso. Habremos de cuidar de decirla con convicción, evitando toda rutina.

Vivimos la religión del sí, la religión de la salvación, la religión del Amén. La presencia y la acción salvadora de Jesús no nos deja flotando en la inseguridad, la inestabilidad o la duda, sino que nos transmite seguridad, firmeza y certeza. Sabemos que nuestra batalla contra el pecado va a terminar en victoria y de hecho está ya terminando en victoria ahora y no sólo al final. Los cristianos creemos en el “perdón de los pecados”. La gracia tiene la última palabra.

Dice el Catecismo: “Jesucristo mismo es el “Amén” (Ap 3, 14). Es el “Amén” definitivo del amor del Padre hacia nosotros; asume y completa nuestro “Amén” al Padre: “Todas las promesas hechas por Dios han tenido su “sí” en él; y por eso decimos por él “Amén” a la gloria de Dios” (2Co 1, 20) (CCE 1065).

Comentando el nombre de “Jesús” que le da Fray Luis de León a Cristo y refiriéndose a la salud que trae consigo, escribe: “Así que es Jesús porque es toda la salud; es también Jesús porque es salud todo él. Son salud sus palabras; digo, son Jesús sus palabras, son Jesús sus obras, su vida es Jesús y su muerte es Jesús”.

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Terminamos ya, queridos hermanos. Terminamos con nuestras palabras convertidas en oración agradecida: ¡Gracias, Jesús, por ser nuestra salvación! ¡Gracias, Jesús, por ser nuestro perdón! Todo sea para gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

PETICIONES ——————

“Cristo es la luz de los pueblos”, comienza afirmando el Concilio Vaticano II en la Constitución “Lumen gentium”. Para que la luz de Cristo resplandezca cada vez con más claridad sobre el rostro de la Iglesia. Roguemos al Señor.

“El gozo y la esperanza de los hombres… son también gozo y esperanza de los discípulos de Cristo”, comienza afirmando el Concilio Vaticano II en la Constitución “Gaudium et spes”. Para que los dirigentes de las naciones procuren siempre contribuir a que la verdadera esperanza de la humanidad se vaya haciendo realidad. Roguemos al Señor.

“La Palabra de Dios la escucha con devoción y la proclama con valentía el santo Concilio”, comienza afirmando el Concilio Vaticano II en la Constitución “Dei Verbum”. Para que en todos los foros internacionales donde se elaboran las leyes, haya espacio para la verdad de Dios, defensora de todos los seres humanos, especialmente de los más débiles. Roguemos al Señor.

“El sacrosanto Concilio se propone acrecentar cada vez más la vida cristiana de los fieles”, comienza afirmando el Concilio Vaticano II en la Constitución “Sacrosanctum Concilium”. Para que la vida de la gracia se vaya acrecentando en todos nosotros de día en día. Roguemos al Señor.

AVISOS FINALES —————

Desde el pasado día 14 de abril hasta el 19 del próximo mes de junio, el Sr. Obispo realizará la visita pastoral por las distintas parroquias y comunidades del arcipretazgo de Sigüenza-Atienza.

El arciprestazo de Sigüenza-Atienza es uno de los diez en que está organizada nuestra diócesis; dicho arciprestazgo cuenta con 8.017 habitantes, agrupados en 97 parroquias, de las que 17 hacen de cabecera de unidades pastorales.

Por medio de la visita pastoral, Jesucristo, el Buen Pastor, recorre en la persona del obispo diocesano las distintas parroquias y comunidades para reavivar, cuidar, confortar y alentar su vida de fe. Oremos por el fruto espiritual de la visita pastoral.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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II DOMINGO DE PASCUA
(12 de abril de 2015)

“Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 22). Nos ha narrado San Juan hoy al completo la aparición de Jesús a los discípulos en el cenáculo, tanto la primera como la segunda parte. Y San Juan al narrar la aparición repite prácticamente las mismas palabras que había escrito al narrar la muerte de Jesús; entonces escribió: “Inclinó la cabeza y entregó el espíritu” (Jn 19, 30) y ahora escribe: “Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20, 22). El gesto de la cruz ya nos anunciaba como firme promesa anticipada lo que en el cenáculo es ahora plena realidad cumplida.

¿Y con qué nombre de entre los que Jesús se da a sí mismo podemos relacionar el Evangelio de hoy? Con el que se da en el Apocalipsis: “Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas” (Ap 3, 1). Ya sabemos que el número siete es número de plenitud; por tanto, al decir Jesús que tiene los “siete Espíritus” nos está indicando que tiene la plenitud del Espíritu Santo y, por eso, de esa plenitud Él puede distribuir y, por eso mismo también, de esa plenitud nosotros podemos recibir. Jesús está acostumbrado a dar con abundancia. Recuerden que en las multiplicaciones de los panes, siempre hay alimento de sobra, lo cual es ya un signo de que Dios da sin tasa.

Al dar Jesús el Espíritu sin medida, nos está indicando a nosotros que hemos de ser también, por nuestra parte, dóciles al Espíritu Santo sin medida; esto no significa que hayamos de ser imprudentes o que vivamos a golpe de improvisación o ligereza; antes al contrario, el Espíritu Santo viene “ad docendum nos viam prudentiae” (”a enseñarnos el camino de la prudencia”) y a fortalecernos para perseverar en el bien. Ser dóciles “sin medida” al Espíritu Santo significa que no le hemos de poner obstáculos de prejuicios y pasiones, o en general obstáculos de pecados, para que pueda llevar adelante su obra de santificación en nosotros. Su Espíritu nos hace fuertes

Comentando el nombre de “Rey de Dios” que le da Fray Luis de León a Cristo y hablando de la fortaleza que comunica al alma, escribe: “Y la virtud más heroica que la filosofía de los estoicos antiguamente imaginó o soñó, por hablar con verdad, comparada con la que Cristo asienta con su gracia en el alma, es una poquedad y bajeza”.

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Terminamos ya, queridos hermanos. Terminamos con nuestras palabras convertidas en oración agradecida: “¡Gracias, Señor, por darnos tu Espíritu Santo! ¡Gracias, Señor, por darnos tu Espíritu sin medida que nos hace recios y fuertes!” Todo sea para gloria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑÓR
(5 de abril de 2015)

“¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos” (Pregón pascual). Un año más, y van doce, tendré la gran alegría de entonar en la catedral diocesana el pregón pascual. Es el momento más luminoso y más gozoso de todo el año: anunciar a Cristo resucitado, dar al pueblo fiel la mayor y mejor noticia.

Además del gozo del pregón, está el gozo añadido de esta página. Durante ocho domingos les hablaré del Resucitado. Gozo es anunciar a Cristo en nuestra celebración y gozo es hablar de Cristo en nuestra publicación. Sirvan estas ocho homilías de Pascua como ayuda para que ustedes alcancen esa gracia que San Ignacio sugiere al ejercitante demandar en la segunda semana: “Conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga” (Ejercicios Espirituales 104).

En realidad, en esta ocho homilías, aún más que hablar un servidor del Resucitado, trataré de que sea el Resucitado el que nos hable de sí mismo y para ello iré poniendo en relación el evangelio de cada domingo con alguno de los nombres que Jesucristo se da a sí mismo en los escritos inspirados; así, a partir del nombre, conoceremos mejor a la persona de Jesús. Escribe Fray Luis de León en la Dedicatoria de los Nombres de Cristo que “la propia y verdadera sabiduría del hombre es saber mucho de Cristo”. Nos lleve, después, el conocimiento al amor y el amor al seguimiento y el seguimiento a la imitación y a la transformación.

¿Qué nombre elegir para esta primera homilía? ¿En qué nombre, de los muchos que se da Jesús a sí mismo, detenernos en el día de hoy? ¿Con qué nombre, de los que Jesús se da a sí mismo, poner en relación el Evangelio de este domingo, Pascua de la resurrección? Con el que se da Cristo en el Apocalipsis de San Juan: “Esto dice el Primero y el Último, el que estuvo muerto y revivió” (Ap 2, 8). Y volviendo hacia nosotros las palabras del Señor, podemos hacernos estas dos preguntas a modo de examen de conciencia: ¿Es Cristo lo primero de mi vida? ¿Es Cristo lo último que estoy dispuesto a perder?

Comentando el nombre de “Brazo de Dios” escribe Fray Luis de León: “Morir Dios en la humanidad que tomó para dar vida a los suyos, eso vence el sentido”. ¡Señor, has vencido y nos has vencido!

Padre Alejo Navarro. 19250 SIGÜENZA. Guadalajara. ESPAÑA.

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